LA DENOMINACION DE ORIGEN BAENA (I), por Francisco Expósito

La calidad de los aceites venía siendo reconocida desde hacía décadas. Los olivareros de Baena, con la incertidumbre de lo que sucedería en el sector ante las incipientes negociaciones de incorporación de España a la UE, solían llevar sus producciones a las cooperativas de Guadalupe y Germán Baena, tras la progresiva desaparición de industriales que se registró en las décadas anteriores. No se hablaba aún de envasar el aceite en botellas de vidrio o latas de 5 litros, sino que se vendía en grandes barricas de 25 o 50 litros. El baenense José Javier Rodríguez Alcaide ocupaba en aquellos momentos el cargo de secretario general técnico del Ministerio de Agricultura, mientras en Baena el Partido del Trabajo de Andalucía (PTA), en coalición con el PCE, asumió el gobierno municipal al imponerse en las primeras elecciones locales convocadas tras la Dictadura.
En estas circunstancias reapareció en Baena un proyecto que trataba de unir la calidad del aceite con la promoción para conseguir que el valor añadido del producto se quedara en la zona. Si a inicios de los setenta la solicitud para crear una denominación se quedó olvidada en el cajón de algún funcionario, en 1978 ya existía un movimiento asociativo de los olivareros de Baena y comarca que no tendría freno. En esos meses se celebraron multitud de reuniones en las que se explicaron los requisitos, las exigencias de calidad y control de todos los procesos productivos. Las cámaras agrarias, los ayuntamientos y las hermandades de labradores y ganaderos respaldaron unánimemente el proyecto. José Javier Rodríguez Alcaide recordaba en 2002 cómo surgió el impulso definitivo: «Vinieron a visitarme una serie de agricultores para hablarme del olivar de Baena. Les dije que la manera en que podía ayudarles era impulsar una denominación de origen, puesto que la zona tenía calidades excepcionales para que pudiera ser amparada por el decreto de 1972, que es el que regula las denominaciones de calidad».
Había que decidir también el marco de producción de la futura denominación. Junto a Baena, Zuheros, Luque, Doña Mencía y Nueva Carteya se unieron desde el principio a la iniciativa. Castro del Río y Priego también se incorporarían después al proceso, aunque ninguno de los dos municipios entró entonces. En Castro se quiso incluir la zona de La Mata en el distintivo, aunque al final no existió acuerdo entre los productores por la dificultad que entrañaba diferenciar la aceituna de un olivar de este paraje de Castro de otro del mismo municipio. Las divergencias por el nombre con el que se conocería la futura denominación separó a Priego del proyecto.
La ilusión de los olivareros de la comarca de Baena sería reconocida finalmente en marzo de 1981, cuando el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba una orden del Ministerio de Agricultura en la que se concedía una declaración provisional, a pesar de que desde 1978 ya existía un proyecto consolidado. Entonces se eligieron a los representantes del consejo regulador. El primer presidente fue Julio Berbel, delegado provincial de Agricultura.
Pero quedaba aún mucho por andar. Había que elaborar el reglamento del consejo regulador y era necesario crear una envasadora para comercializar los aceites amparados.

DO Baena

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