NUEVA PUBLICACIÓN DEL GRUPO CULTURAL

El Grupo Cultural Amador de los Ríos, con el patrocinio del Ayuntamiento de Baena, presentará este sábado, a partir de las 19.30 horas, el relato “El escultor de Ituci”, escrito por José Javier Rodríguez Alcaide. El catedrático emérito de la Universidad de Córdoba nos adentra en la sociedad de Ituci (Torreparedones) en una recreación que nos introduce en las vivencias de la antigua ciudad romana.
La publicación, diseñada por Marivi Ruiz de Prado, ha sido impreso por Gráficas Cañete y ha contado también con la colaboración de Aprosub en su encuadernación.
A continuación se incluyen los primeros párrafos de este interesante documento que nos ayuda a conocer un poco más cómo se vivía en aquellas lejanas centurias.

“EL ESCULTOR DE ITUCI
Guadajoz hacia arriba caminaba uno de mis antepasados viendo el polvo que surgía de la colina de Ituci. Desde el puente de piedra se acercó a la fuente y desde este manantial divisó las blancas columnas que hacían de aquel espacio una ciudad de mármol. Se veía el templo y el pináculo de la Curia y las doradas imágenes de Claudio y Augusto inundadas de la luz de poniente. Las estatuas de Claudio y Augusto remataban el Foro. Desde abajo, según ascendía, se oía la vida de la ciudad; era un mar de ruidos que llegaba, de un lado, hasta el Guadajoz y, de otro, hasta la laguna de la Quinta y al último Rincón del Muerto.
Caminando hacia arriba, desde el Castro en el río, se empezaba a percibir la proximidad de esta bella ciudad. Carros cargados de trigo circulaban cerca del cauce y se hacía la ruta más llevadera desde la cueva del Yeso. Ascendían hacia la colina por su parte norte los carros con sus cuernos de la abundancia. De Ituci bajaban ballestas y arietes para una próxima guerra.
El camino, aledaño al Guadajoz, era muy estrecho y más estrecho todavía el que llevaba a la ciudad. No era fácil abrirse paso entre tanta caballería cargada de cebada y trigo y de corazas y arietes. Nadie prestó atención en este tráfico a mi antepasado, quien llegó a Ituci de modo inadvertido y pasó la noche junto a la muralla de poniente y muy cerca de la cella. Se dispuso a ser, al día siguiente, un simple ituciano entre tantos itucianos, aunque él era oriundo de Baiana y sus ancestros de Castro, campamento militar que allí estuvo fondeado.
No sé cómo consiguió vivir fuera de la ciudad amurallada durante tanto tiempo, aunque alguna vez durante el estío pernoctaba bajo el puente de piedra. Casi siempre le despertaba no el alba sino el ruido de carros y voces de arrieros. Le entusiasmaban los vendedores callejeros con sus voces mañaneras. Me cuenta que cuando los de la Curia se levantaban y se acercaban al Foro ya llevaban los comerciantes vendiendo en la calle algunas horas y se habían marchado al bosque a cazar y cuidar el ganado muchos itucianos (…)”.

El escultor de Ituci

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