LA EXALTACIÓN DEL VINO DE BAENA

PREGÓN DE JOSÉ JAVIER RODRÍGUEZ ALCAIDE PRONUNCIADO EL 6 DE SEPTIEMBRE EN LA COOPERATIVA JESÚS NAZARENO

Os incluimos a continuación el pregón pronunciado por José Javier Rodríguez Alcaide con motivo de la V Fiesta del Vino y la Viña de Baena, celebrado el 6 de septiembre. Desde el Grupo Cultural Amador de los Ríos felicitamos a nuestro amigo e integrante de la asociación por su gran exaltación.

HEREDEROS DEL MEJOR VINO, por José Javier Rodríguez Alcaide

Vosotros sois los propietarios herederos de las viñas y majuelos que resistieron a la filoxera; de aquellas 1.562 hectáreas de vides que en 1885 todavía se cultivaban en los Ruedos de Baena.

¿Tenéis todavía alguno de vosotros vides en Villanueva en la falda de la Sierra, en donde en 1266 Alfonso X el Sabio donó, entre otros cultivos, 6 aranzadas de viñas a un tal Gonzalo Ibáñez de Baena que luego en 1280 se vendieron a un tal Rodrigo Arias de Cadro?

Las vides, según datos de 1491, se extendían desde la presa de Andrés Aranda en el Marbella hacia el camino viejo de Alcaudete donde hay una caleruela, hasta dar al arroyo de Juan Miguel y a la haza de Rojano. Y de allí al camino de la Amarguilla y a las Peñuelas hasta la tosquera de la haza de Pero Rodríguez. Por Val Hermoso al atajo de Baena por el Abrage hasta el camino que viene de Córdoba hasta el arroyo de don Gonzalo, quedando fuera del Ruedo las Atalayas y por los yesares hasta Zuheros por Val de Retama.

Os pregunto. ¿Hay todavía viñas en Val Hermoso, en el cerrillo de Palabretas, en Val de Judíos y en Val Retama? ¿Y en la dehesa de la Amarguilla?

Había viñas en el Huerto de Piedrahita y en el del Correro y en el de los Ahorcados, en las laderas del puente y por la carretera de Fuensanta de Martos viniendo hacia las Cañadas y el Portichuelo de Albendín y en el pago de Salobrejas, arroyo arriba de don Gonzalo, cañada arriba al Portichuelo del camino de Morana a Valderetamas, donde está la Caleruela.

¿Cuántas copas de Cancionero tendría en aquel entonces un azumbre que hoy serían dos litros y cuarto de vino?
¿Sois propietarios todavía alguno de vosotros de las viñas que existían rodeando el Cerro de Minguillar, de San Cristóbal, del Camello, en Quiebracostillas y en las Cañadas?

Si todavía sois propietarios de aquella historia os merecéis galardones y floreros, por conservar las vides y con paciencia criar los caldos de Cancionero y fino Baena.

Desde la sierra de Baena hasta el arroyo de don Gonzalo, el Marbella se deslizaba apaciblemente entre graciosas colinas, cargadas de viñas coronadas de verde uva. Como diosas rústicas están las Atalayas y el Abrage.

Hoy con esmero cuidáis vuestras pequeñas viñas que crecen en los pliegues del terreno, radiantes sus pámpanos de frescura, de racimos hinchados de jugo, cuidados como si fueran santos divinos. Gruesas cepas en estas tierras calcáreas que las lluvias no arrastran. En el flanco de los cerrajones, en el mosaico de olivos, se distinguen las pequeñas viñas de Baena, que continúan esperando el viento cargado de nubarrones, que son apariencia de pureza y retorcida resignación.

Cada vez más en la capital se beben estos dos caldos; uno, para copear y otro, para gozar de la dicha del cielo.
Yo he venido a alabarlos y, de modo especial, a Cancionero.
Una copa de Cancionero te hace taumaturgo y dos te hacen poeta. Pero no tomes la tercera porque sería tormento entre ser carne y ser perfecta divinidad.

Cancionero es vino augusto, vino capaz de fundar un nuevo lugar sagrado para quien lo prueba. Una copa de Cancionero te hace ser oráculo de la augusta divinidad. Bébelo pero lentamente y con esmero.

Cancionero en una copa lava las pasiones que ensucian el alma. Bebido con parsimonia y moderación, como quien reza lentamente un Padre Nuestro, jamás lleva a ciega pasión ni a una pasión sin salida.

Cuando se envejece las ilusiones se caen como plumas del despelecho pero una capa de este vino te devuelve el vigor serenamente. Si te sabes pequeño e impotente para adivinar el rostro de tu propio futuro; si tu vigilia se invade de símbolos que no te dejan dormir, toma una copa de Cancionero y verás como sientes pasar el tiempo y a ese pesar no le temes; no sufrirás tortura personal aunque pases las noches en vigilia.

Una copa de Cancionero te hará olvidar la lepra de la codicia, la ambición malsana y te alejará de la calumnia y de la corrupción. Pero tres copas te pueden llevar a insultar al clero y cuatro copas te pueden hacer de educado ciudadano y un sinvergüenza.

¿Y cómo nace este elixir?
Nace entre un “ser” y “un dejar de ser”. La cuestión hamletiana es saber cuándo hay que sacarlo de la bota para que no pierda su esencia; para mantener su singular aroma y paladar.
Nace este vino del aljezar, de vuestros yesares plantados de majuelos, de las tierras toscas de vuestros ruedos, de las huertas cercanas a Caleruelas. En viñas nuevas y viejas que fueron de Val Hermoso, de Val de Judíos y de Val de Retamas, de la dehesa de la Amarguilla

Vuestros antepasados, el 16 de Agosto de 1491, un año antes de la toma de Granada amojonaron los ruedos para defender viñas y majuelos de la ambición del ganado.

Vuestros ancestros cultivaron vides en la haza de Rojano entre los aceitunos de Mari Chica, en las hazas de Fernando Cueto y junto a la Tosquera de Pero Rodríguez.

Como homenaje a nuestros tatarabuelos me atrevo a ponderar a nuestros caldos con nombres de Cancionero y Fino Baena de la siguiente manera:

Sobre la cal del yesar,
sobre despojo teñido
está Cancionero dormido
en espera de despertar.
Y más allá, viñadores,
tirando de las espuertas,
amarilla de sudores,
meciéndolo hasta el lagar.
Cancionero no significa pleito
Fino Baena no es amenazar.

LA CRIANZA Y MADURACIÓN
El tiempo de la bodega se hace lento y perezoso para que el mosto se transforme en fino o en ese ser especial, llamado Cancionero. Tiempo de fermentación que se arrastra entre cubas y robles y parece inmovilizado sobre el albero.

El capataz de bodega tiene inquietud e impaciencia en espera que el vino desenlace en el aroma Cancionero. Cuando Cancionero de la bota sale, el aire de la bodega queda, de pronto, poblado de aromas de libertad y de sueños. En ese instante sagrado el capataz de bodega es secretario del ruedo y sacristán de ese templo.
En ese solemne momento Cancionero devuelve la vida a muchos que parecen muertos. No puede uno sentirse desgraciado o enfermo porque un sorbito de Cancionero no perturba la imaginación ni el cuerpo.

Vosotros, vinicultores de Nuestro Padre Jesús Nazareno, interrogad a vuestros recuerdos con esa mezcla de amplitud y minuciosidad que da la perspectiva del tiempo. Recordar a los vendimiadores, a aquellas mulas cargadas y el pisar de aquellas uvas para lograr el primer mosto. Ese recuerdo ya es algo furtivo, alocado si así lo estimáis, que no encaja con el tractor ni el remolque que esa bella tarea deshumaniza. Echad Cancionero o Fino Baena desde la venencia en una copa, al sol de mediodía, y veréis que la copa se transforma en espiga de oro para magnificar la belleza de vuestra vida.

Elogiando algo tan sagrado como el vino de vuestra Cooperativa permitidme que acuda al Eclesiastés y que con él os diga:

No te hagas valiente con el vino.
Bebido con medida te da la vida.
A tiempo y con medida
regocija el corazón
y contenta el alma.
Bebido en exceso te la amarga.

Y para que en mí; siendo viejo, no se cumpla
el siguiente refrán:
“Cuando el viejo no puede beber
La fosa le pueden hacer”
Yo levanto la copa de Cancionero
para no, para siempre, yacer.

Exaltacion vino