FANTASÍA AGRADABLE

Por José Javier RODRÍGUEZ ALCAIDE (*)

Desde el Guadajoz asciendo a Torreparedones; un viento leve y caliente viene a mi encuentro no agradeciéndolo mi cuerpo. Las líneas de la campiña son nítidas, los ocres campos luminosos ,los linderos ordenados y el cielo muy redondo y azul claro. Los colores varían de loma en loma, del llano al valle y las ruinas romanas sobre las que camino me parecen familiares y entonan con olivos y besanas.
Me pareció haber alcanzado Torreparedones guiado o por Julio Cesar o por Tiberio porque aquel,como los Pompeyo, conocía la geografía del Salsum y la de Ituci Virtus Julia. Algunos de los de esta villa hubieran querido que ganaran los Pompeyo pero no sucedió así,de modo que los adversarios, tras arruinar a Córdoba, debieron reputarlo de falso, insidioso,pobre de genio y afortunado.
En Baena no se manifiestan estúpidos rencores contra Julio Cesar ni contra Tiberio ni tampoco vanidades al descubrirse en Torreparedones la ciudad de Ituci sino un sentimiento familiar, profundo y verdadero,de complacencia por haber ganado Roma y haberse instalado secularmente aquí, pues para mi pueblo Roma lo es todo y Cesar un romano que venció a los Pompeyo.
Arriba desde el otero imagino retrospectivamente sus asedios,luchas sangrientas, la fuga y matanzas de pompeyos, la rendición de Ategua y mi corazón tumultuoso contempla la canícula , que emerge desde el Guadajoz, y alegre porque ahora no hay arcos ni flechas ni lucha. Soñé a Cesar subiendo hacia Ituci con sus cohortes, envuelto en manto de púrpura. Soñé que Roma vivía aquí y que sus gentes adquirieron gustos y acentos del Lacio y que en Ituci la locura de los dioses y la cordura de los hombres se daban la mano.
Me dije: «Volveré dentro de dos mil años y veré de nuevo la estatua de Tiberio».
¿Dormiría algunas noches en Ituci Julio Cesar?
Mis deseos fueron los de sentarme en el Foro pero el sol apremiaba mi calva y observar si cerca del promontorio entrenaba algún gladiador. Del Foro a la Curia hay que dar sólo unos pasos,sagrario de tradiciones romanas, y al Templo donde quizás entronizaron a Tiberio. Fantasía sin duda pero fantasía agradable. Cuando tu ,lector, visites Ituci jamás pensarás que estoy fantaseando,porque en ningún otro lugar pueden permanecer tan vivos Cesar o Tiberio como en Torreparedones. Vivos como emperadores que respiran, se mueven, piensan, hablan y guerrean, como si pasearan por el Foro, visitaran la Curia y planearan sus destinos. Porque un baenense en Torreparedones se coloca tan cerca de Roma como lo puedan hacer los historiadores de la Universidad de Córdoba.
Puedo imaginar a Cesar luchando contra los Pompeyo,aunque por aquí no apareciera, asediar Ategua, marchar por bosques alrededor del Salsum y avanzar a caballo,espléndido y orgulloso. Yo, desde esta Ituci, lo sueño más que hombre un dios flamígero que fulmina al enemigo desde sus ojos inflamados de púrpura y que vence al tercer toque de trompa en Ategua.
No es Ituci una villa llena de misterios y contradicciones como creen sus arqueólogos sino una retaguardia donde reposa el pálido y orgulloso Cesar ,guardián del Salsum, tras descabalgar sin estribos de su caballo antes de que colocaran en su frente la cinta sagrada de Pontifex Máximo, sin oler a bálsamo sino a arcilla mezclada con sangre y recubierto de imprecaciones.
Aquí en Ituci sueño que, tras vencer a los Pompeyo, se dedicó a purificar la República desde la sinceridad y la firmeza.
¿Qué acento, el de Cesar, lo diferenciaba del de los itucitanos? ¿Y el de Escipión el Africano sería diferente tantos años antes del de Cesar?
No deben criticar mis paisanos el que mire a Torreparedones con los ojos de la fantasía ni que imagine la terma, templo, curia, foro vivo,tabernas, macellum, estatuas de nobles gestos y palabras de paz y justicia, dialectos conocidos y voces estentóreas. Que imagine legionarios fornidos, oscuros de piel, de rostros duros, hombros anchos, paso lento y pesado voceando lenguaje castrense, tremendos en las batallas.
Y,luego, tras la victoria ,vea a esos legionarios colonizar el valle del Salsum, haciendo surcos e hileras de viñas, vendimiar,discutir sobre climas y vientos, amontonar trigo en los silos y recoger aceitunas porque antes de legionarios ya eran campesinos.
Hoy día -me dije- nosotros somos aquellos itucitanos, convertidos en baenenses y en la Tercia huele a fragmentos de aquella época y se contemplan estatuas que se esculpieron en aquel otero. Baena, mi pueblo, se siente orgullosa del Foro, Curia, Templo Terma, columnas, arcos que se insinúan de preciosos mármoles, osamenta de Ituci Virtus Julia.
Sentado en el otero de Torreparedones observo y fantaseo con sus casas en cuyas ventanas se asoman cabezas de itucitanos, adornadas de tiestos de terracota, coloreados de flores recién regadas con agua de la Fuente Romana. Los veo a sus vecinos aglomerados en el Foro,caldeados por este sol que me quema y a algunos buscando las sombras de los arcos del templo.
Torreparedones es lugar de meditación porque Roma aquí se va haciendo cada día cuerpo vivo en tanto yo disfruto de la inmensa quietud que imponen las figuras esculpidas en el foro y gastadas por el tiempo.

(*) Hijo Predilecto de Baena.

Fotografía: Manuel Priego Rodríguez.

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