NACÍ EN BAENA

Por José Javier Rodríguez Alcaide (*)

En marzo de 1938, en plena guerra civil española. Baena es para mí lo que Ortega denominaba mi «paisaje prometido» porque todos llevamos dentro un paisaje prometido y caminamos peregrinos hasta encontrarlo. Unamuno escribió que la infancia es la patria por eso me he sentido siempre emocionalmente muy vinculado a Baena, a su historia y a su realidad social y cultural.
Presté mucha atención a Baena y a su comarca desde 1978 a 1995 y le sigo dando presencia en mi corazón. Siempre mostré interés por su realidad aun no viviendo en esta ciudad desde 1950.

En mi familia, en Baena, no se hablaba de la guerra civil ni mis padres discutían sobre ella al menos desde mis recuerdos y mi capacidad de razonar. Esa guerra fue una experiencia especialmente dramática en la familia de mi madre pero no oí de ella prácticamente nada hasta que en 1977, militando en el partido social liberal andaluz, me hablaron mis padres detalladamente de este enfrentamiento.

Mi mundo giró en Baena hasta mis doce años, más en torno a mi madre que a mi padre sin embargo, me encarné y releí el libro de mi padre, escrito para niños como yo, titulado «Baena en la Historia».

Estudié hasta los 9 años en el Juan Alfonso de Baena de cuyo Cancionero tuve noticias en el bachillerato cursado en la calle Mesones en el colegio privado de los jesuitas. Era un colegio que nos preparaba para sufrir exámenes en junio en Jaén y en el Aguilar y Eslava de Cabra.

¿Cómo veía yo a Baena en la década de los cuarenta a partir de 1944? Pues la percibía como una sociedad muy dual y muy desigual social y culturalmente cuando ahora me retrotraigo a aquellos momentos. La vida pendía de la lluvia y de la agricultura de cereal, vid y olivar sin grandes acontecimientos salvo el jubileo en plaza vieja y los misereres que pasaban por la puerta de mi casa. Había en casa una radio galena que mi padre escuchaba para enterarse de noticias del exterior y una gran actividad desde 1947 en la biblioteca de casa en la que mi padre preparaba el libro citado. En esa biblioteca mi madre alumbró a mi hermana menor, diez años después de nacer yo.

Salieron de Baena mis padres, maestros de escuela, en junio de 1950 trasladados a Córdoba con sus tres hijos; desarrollé mi adolescencia y juventud en la barriada de Fray Albino en el Campo de la Verdad. Apenas tuve contacto con Baena hasta 1977, año en que encabecé la lista de UCD al Congreso de los Diputados para la Legislatura Constituyente y luego en 1978, cuando designado responsable de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Agricultura, presté atención al olivar de Baena y su comarca.

Estoy de acuerdo con Unamuno respecto de que la patria de cada uno está en su infancia y que a ese paisaje gusta, ya jubilado, retornar.

(*) Hijo predilecto de Baena.

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