CRÍTICA – «EL ESPÍRITU DEL OLIVO», DE MANUEL PIEDRAHITA TORO

por Jesús L. Serrano Reyes

(Texto de presentación del libro realizado por Jesús Serrano Reyes para el acto que tuvo lugar el 7 de junio de 2014 en la Casa de la Cultura de Baena)

La profesión y la devoción
El recorrido de la savia profesional en al ámbito del periodismo de Manuel Piedrahita es bastante fructífero: diario Pueblo, corresponsalía de la agencia Europa Press, Nuevo Diario, primera Beca March de Ciencias de la Información, profesor de periodismo en la Universidad Complutense, corresponsal de TVE en la República Federal de Alemania, Director de los Servicios Informativos de Radio Nacional, vuelta a la corresponsalía en Bonn, regreso definitivo a los Servicios Informativos de TVE hasta su jubilación, luego profesor de periodismo en el CEU.

Manuel Piedrahita ha consagrado su vida al olivo. Desde su faceta de escritor, bien sea mediante artículos en prensa o la publicación de libros, lleva muchos años contribuyendo a la difusión del conocimiento del olivar y del aceite.

Su participación en la fundación y en las actividades de la Cofradía de Amigos del Olivo de Baena y su actual cargo como presidente de la Federación Andaluza de Cofradías Vínicas y Gastronómicas, FECOAN, ponen de manifiesto su importante labor como embajador de la cultura del olivo, con todo lo que esto conlleva de irradiación en múltiples ámbitos de la vida, desde el gastronómico al económico. Su participación como socio y consejero en la empresa OROBAENA, desde 1999, nos ofrece otra perspectiva que tiene como centro fundamental el olivo. Hasta su tiempo libre, pasear, soñar con los olivos y evocar el pasado desde los tiempos del joyo con aceite, está marcado por el olivo.

El creador de su obra
Manuel Piedrahita termina su libro en una página que titula “Apunte final”. Y lo hace con estas palabras: “lo que acaban de leer es solo una muestra de lo mucho que se ha escrito y versificado sobre el olivo”.

Esta frase podría llevar a equívoco si el lector se la hubiera encontrado escrita a la entrada del libro, bien en un prólogo o en una introducción. El lector hubiera podido pensar que se adentraría en una antología de textos sobre el olivo. El espíritu del olivo es mucho más que eso. Manuel Piedrahita transciende su labor de antólogo, seleccionando excelentes textos de Lorca, Machado, Lope, Cervantes, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Carlos Clementson, Pablo García Baena, Juan Valera o Fernando Jiménez Ocaña, entre otros. Transciende la función de antólogo porque es autor, destilando savia propia desde su experiencia:“al ahondar en lo más profundo de mi alma, hurgo en mis raíces a través de las raíces del olivo”; y desde su sensibilidad creativa: “yo te invito a que crucemos la linde imaginaria entre una tierra yerma y un bosque de olivares; entre lo real y lo fantástico que se manifiesta al asomarse al campo de olivos con el crepúsculo”; también es historiador, ahondando y enmarcando el origen y la tradición mediterránea del olivo.

Desde la Grecia y Roma clásicas hasta nuestros días Manuel Piedrahita va hilvanando citas y vivencias propias del Mediterráneo, como si quisiera radiografiar la historia para mostrarnos la genealogía del olivo.

Una bocanada de la naturaleza desde el inconsciente
El libro es una amalgama de vivencias fraguadas desde el conocimiento y el sentimiento. La experiencia y la lectura aportan los datos, y el sentimiento insufla al texto la pasión por la identificación con el olivo. Ya en el frontispicio del libro esculpe una cita de Lorca que parece una proyección de sí mismo: “Dejaría en este libro toda mi alma”. Es toda una declaración de intenciones, que no se convierte sino en un intento tan fallido como el de querer sintetizar todo el lenguaje en una palabra.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía el poeta. Manuel Piedrahita ha hecho y sigue haciendo camino: Tierra de olivos (1994) Mi olivo, tu olivo, nuestro olivo (2002), Aceite de oliva y literatura (2004), El oro virgen del olivo (2004) y El olivar de las ánimas (2009), que tuve el placer y el honor de presentar también. Decía Carl Gustav Jung: “hasta que lo inconsciente se haga consciente el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino”. Nunca dejará de haber olivos en la vida de Manuel Piedrahita.

La riqueza de la variedad
La lectura del libro es poliédrica y seminal. Poliédrica porque es Argos, el gigante mitológico de cien ojos, quien gobierna las páginas de este libro. Desde la perspectiva de los ojos del antólogo Piedrahita las páginas del libro nos ofrecen las miradas de multitud de autores: poetas, novelistas, historiadores, todas desde el cristal de Manuel Piedrahita. Y tanta riqueza seleccionada, sustanciada, es, además de lectura poliédrica, lectura seminal, porque si el lector no es estéril, la recreación está asegurada. Tanto las citas, los textos literarios seleccionados, como los pensamientos de Manuel Piedrahita nos hacen evocar y germinar ideas, impresiones y experiencias propias.

La divinidad del olivo
El texto está elaborado con puntadas que entretejen la divinidad del olivo. No son sólo referencias bíblicas (Getsemaní, Noé y la paloma con la ramita de olivo, la entrada de Jesús en Jerusalén, a lo que se podrían añadir más, como que sobre la tumba de Adán nació un olivo o los santos óleos).

Me van a permitir una reflexión sobre una idea que Manuel Piedrahita lleva años sugiriendo: el uso del olivo como árbol de Navidad. Sería toda una innovación cultural y un valioso sustento económico y espiritual que alguien acogiera la idea y emprendiera este negocio para vendernos un olivito que cuidáramos durante el año para vestirlo de gala en Navidad junto al belén. En este mundo global que nos ha tocado vivir donde el espíritu de los tiempos está gobernado por la fuerza centrífuga que nos aleja de nuestras raíces y nos hace asumir toda una variopinta gama de tradiciones ajenas como el Halloween, sustituir pinos o abetos por el olivo sería un signo de identidad con nuestras raíces, sería acogerse a la fuerza centrípeta que nos lleva a nosotros mismos y evita nuestra dispersión cultural. Si estamos al socaire sólo de la innovación, las raíces se debilitan y el árbol se lo acaba llevando el viento. Conjuguemos tradición e innovación.

Otra muestra de la consideración divina que Manuel Piedrahita tiene por el olivo nos la ofrece cuando nos cuenta cómo habiendo sido testigo, en 2013, de la entrega de un premio al olivo más monumental en Arroyo Carnicero, cerca de Casabermeja, con tres troncos de más de siete metros de diámetro, sugiere que “habría que ir al Arroyo Carnicero para venerarlo”.

La simbología del olivo trasciende la vida. Por ejemplo: En Egipto, se introducía una ramita de olivo en el sarcófago de los difuntos. Los árabes lo llamaban el árbol de la bendición. En Roma, a partir del Emperador Adriano, el olivo era emblema de riqueza. Para los judíos suponía paz y bienvenida. Los griegos lo consideraban árbol de fertilidad y los cristianos icono de sabiduría y prosperidad. En Israel, a partir del 14 mayo de 1948, rodean su escudo, bordeando la menorá (candelabro de siete brazos), dos ramitas de olivo, simbolizando el anhelo de paz. Ningún otro árbol ha sido tratado con tanto respeto y admiración a lo largo de los tiempos.

No es inocente la figura del ángel en la portada del libro, ni las citas que sobre él ha seleccionado Manuel Piedrahita. Leyendo el libro, aprendemos cómo hay advocaciones marianas por toda España que ponen al olivo como sello y objetivo de la divinidad: así conocemos que en Russafa (Valencia) se venera a la Mare de Deu de Montolivet, en Barcelona a la Mare de Deu de L’Oliva encontrada en la montaña de Montjuich, en Alacuas (Valencia) la Mare de Deu de L’Olivar. Estamos recorriendo la costa mediterránea, pero también encontramos a la Virgen de la Oliva en Salteras (Sevilla). El pálpito divino se siente desde la portada hasta el final del libro.

El olivo es símbolo de inmortalidad, de resurrección y esperanza. Para Manuel Piedrahita es “lo que fuimos, pero también lo que somos y lo que seremos; nuestra eterna forma de vivir en un paisaje paradisíaco donde habitan los dioses de la mitología para amar y también para morir”.

Un libro singular y poliédrico
Es un libro emblemático que en esta tierra debiéramos leer todos y tenerlo como libro de regalo no sólo las almazaras (a las que les doy la idea), porque estamos aprehendiendo y difundiendo una parte importante de nuestra cultura e identidad.

Al abrir este libro, con ilustraciones a color, publicado por la Diputación de Córdoba, y leer sus páginas, nos encontramos con literatura, con historia, con ensayo, con periodismo, y todo con un punto de confluencia: el olivo. No piensen que es un trabajo de recopilación, reitero que Manuel Piedrahita lo transciende, y lo hace de manera sobresaliente. Con la destilación de su experiencia vital, en comunión con el inconsciente colectivo mediterráneo y con la poliédrica perspectiva de numerosos escritores, el autor nos ofrece un libro único y singular, donde habita el conocimiento y palpita la sabiduría.

La primavera ha venido
La primavera ha venido
dejando en el olivar
un libro en cada nido.
Vivir leyendo, leyendo
mientras la paz en el mundo
no se nos vaya muriendo.
Paz, paz, paz para leer
un libro abierto en el alba
y otro al atardecer.
Rafael Alberti

Y tras este poema de Rafael Alberti la palabra pasa del lector al autor, no sin antes pediros que este libro que la primavera ha traído forme parte de vuestro nido.

FOTO: Marivi Ruiz de Prado.

Present libro Piedrahita

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