JULIÁN HERRANZ: DIEZ AÑOS DE LA PROCLAMACIÓN DEL CUARTO CARDENAL CORDOBÉS DE LA HISTORIA

Hoy se cumple el décimo aniversario de la proclamación como cardenal de Julián Herranz, diez años en los que el veterano purpurado ha seguido trabajando en la curia sin descanso. Herranz se convirtió en el cuarto cardenal nacido en la provincia de Córdoba y el primero en 249 años. Hay que remontarse a 1754 para encontrar otro purpurado cordobés. En aquella ocasión fue nombrado el montillano Luis Antonio Fernández de Córdoba Portocarrero Guzmán y Aguilar.
Durante esta década como purpurado, visitó Baena en dos ocasiones para recibir el nombramiento de hijo predilecto (junio de 2004) y para impartir una conferencia y recibir la distinción de hermano mayor honorario de la Ilustre Archicofradía de la Veracruz (mayo de 2010). Era el regreso de Herranz a Baena, el municipio del que se marchó muy pronto. “Salí de Baena cuando era aún muy pequeño. No tengo, pues, muchos recuerdos pero los que conservo están llenos del candor de la infancia. Son recuerdos de un niño que abre sus ojos ante un mundo, en una tierra además como la andaluza Baena, llena de luz y de vida. Los recuerdos de un hogar y de una tierra cristianas que son ciertamente estupendos”, decía Herranz.
Amigo de Jose María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, Julián Herranz ha sido uno de los cordobeses que ha llegado más alto en la Iglesia católica al asumir grandes cotas de responsabilidad durante décadas. El cardenal baenense es considerado como uno de los mayores expertos en Derecho Canónico, por lo que no sorprendió nada cuando el Papa Benedicto XVI lo nombró en 2012 para presidir la comisión encargada de investigar las filtraciones de documentos secretos y que comprometieron al Estado vaticano. Las conclusiones que elaboraron los cardenales Herranz, Salvatore De Giorgi y Jozef Tomko, tras interrogar a una treintena de personas del Vaticano, condujeron, según indicaron algunos medios de comunicación, a la renuncia de Benedicto XVI, un hecho que no se producía desde 1415. Sea mayor o menor la influencia del informe que elaboró Herranz y los otros dos compañeros de comisión, lo que sucedió después trajo un nuevo aire a la Iglesia con la llegada del Papa Francisco.

Reproducimos a continuación un breve fragmento de algunos de los recuerdos del cardenal baenense de aquel día de su proclamación, que se recogería en su libro “En las afueras de Jericó”:

“Baena, la histórica y querida ciudad cordobesa donde nací y fue bautizado –en la iglesia de Santa María la Mayor, mezquita en la época musulmana y, antes aún, templo cristiano visigótico-, quedaba muy al sur, demasiado alejada. No así los parajes de seis años después: Madrid y, durante la guerra civil, Cañamares (…).
Sí, ese niño al que todavía veo correteando por Baena y Cañamares viviría veintidós años, durante su juventud y su madurez, junto a un santo: Josemaría Escrivá; cuarenta y un años en total junto a su primer sucesor, Álvaro del Portillo, que murió igualmente con fama de santidad; y medio siglo junto a su segundo sucesor, Javier Echevarría, prelado del Opus Dei en estos momentos (…).

La púrpura más hermosa
Cinco meses después del viaje de Juan Pablo II a España, en el Consistorio del 21 de octubre de 2003, fui creado cardenal junto a otros 29 eclesiásticos de veintidós naciones de los cinco continentes. Representó un gesto de benevolencia del Vicario de Cristo, con el que –más que a mi persona- quiso honrar a la ley eclesiástica de la que me ocupo, a España, mi patria de origen, y al Opus Dei, la institución a la que debo mi encuentro decisivo con Cristo (…).
El Consistorio público comenzó a las 10.30 de la mañana con el canto de entrada Catabo Domino in vita mea (…). El Papa, que fue acogido con un fuerte aplauso, tomó asiento en la Cátedra, delante del altar (…).
A la izquierda del altar, junto al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, se encontraban las delegaciones oficiales de once naciones y las familias de los neocardenales. Me sentí bien acompañado por los de este sector, no sólo por los queridos miembros del Opus Dei y de mi familia de sangre, sino además por los alcaldes, representantes y amigos de dos pueblos españoles ligados a mi historia personal: Baena y Cañamares (…).
Después de imponerme la birreta, Juan Pablo II me entregó la Bula de mi nombramiento como cardenal, en la que se me asignaba como diaconía la basílica de San Eugenio. Y acto seguido, en el momento en que intercambiábamos el abrazo de paz, sentí el fuerte impulso interior de decirle:
-Gracias, Santo Padre, por la confianza que me demuestra y, más aún, por el ejemplo de fidelidad a Cristo que nos da”.

Comentario y foto: F. Expósito.
Nota: En la foto se observa al cardenal Herranz durante su visita a la iglesia de San Bartolomé en 2010.

Cardenal Herranz

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