SEMANA SANTA DE 1961

El siguiente artículo se publicó en la revista ‘Tambor’ en el número especial de la Semana Santa de 1961, dirigido por Manuel Piedrahita Toro. Es la visión de la celebración de una mujer. La ironía aparece en la descripción que hace día a día, pero también la crítica de lo que observa. El texto, pese a su sencillez, encierra gran interés porque nos introduce en la devoción popular de la época. Lo firma, desde el anonimato, “una mujer baenense”. La viñeta que se incluye ilustraba el artículo.

DIARIO DE UNA MUJER EN LA SEMANA SANTA
MARTES SANTO
Otra Semana Santa y van … He comprado algodones para los oídos. En mi casa hay un invitado que ha traído mi hermano. Lo malo es que le van a dar un tambor y no podré estar con él ni un momento. Mi hermano lo debía traer en Feria…
Hoy en casa huele a sidol y todo el mundo está limpiando cascos y desrizando cola.
La cola blanca llevaba pocos judíos cuando iba a San Francisco para el Miserere. Dicen que en los misereres lo de menos es la penitencia. Yo fui una sola vez y… ¡mejor es no hablar!
Escribo y aún oigo los cohetes. Las Fiestas han empezado…

MIÉRCOLES SANTO
He ido a misa. El amigo de mi hermano, el invitado, se ha extrañado que apenas haya gente en la iglesia siendo Semana Santa; en su pueblo, allá en Castilla, estos días están las iglesias llenas. Las tabernas las cierran…
Al medio día he encontrado a mi invitado en un bar vestido de judío. Estaba colorado y sudaba dándole al parche. Mi hermano hacía otro tanto. Las niñas estábamos solas en la mesa de una cafetería tomando el sol y… cafiaspirina.
La procesión del miércoles, como siempre. San Diego, por culpa de la tradición, es un anacronismo. Por casa pasó muy cortada y los judíos apretaban de lo lindo. La cabeza me dolía mucho.
Mi hermano y el invitado dijeron muchas tonterías durante la cena. Ambos tenían los ojos muy colorados.

JUEVES SANTO
Los Oficios es lo que más me gusta de la Semana Santa. Había mucha gente, muchos hombres. Todos los años me da mucha risa, y hasta acaba con la devoción, el rey Herodes con la carátula puesta. Dicen que es la tradición, pero ni pizca de falta que hace en la Iglesia. La banda de música ha tocado lo mismo del año pasado.
La procesión tiene una Virgen muy bonita. Iban pocos judíos de la cola negra.
He andado las estaciones y me he encontrado con los enlutados. El invitado me ha preguntado si son frailes, por la seriedad que imprimen el acto. Yo no le he contestado.
Mi hermano y el invitado dicen que no se van a acostar. Yo encuentro que eso es una barbaridad. Precisamente eso significa una noche de pasarlo bien, el día más significativo del año, aniversario de la institución de la eucaristía.

VIERNES SANTO
A las cuatro de la madrugada mi hermano, el invitado y cinco más, me han despertado tocando el tambor. Me ha sentado como un tiro… Hablaban alto cosas relativas a una botella de coñac. Me da pena. A las cinco me he levantado. He ido a ver salir a Jesús. Toda la Puerta Córdoba huele a coñac y anís… o a mí me lo parece. Hay tambores, judíos, profetas, capiruchos, olor a cera, ruido de música sacra, redobles… Amanece por el horizonte y Jesús sube. Me dan escalofríos y no lo puedo remediar.
El acto del Paseo me lo conozco demasiado. Hace calor y Adán y Eva sudan, limpiándose el sudor con un pañuelo. Jesús da la bendición y la gente grita. La fe del pueblo es superficial. La sensiblería predomina. Es una verdad que todos debemos meditar. Y las mujeres las primeras, que lloramos por nada.
Por la noche, la procesión va ordenada, pero no silenciosa. Huele a cera y a cañadul. El invitado se ha venido conmigo y está encantado de lo bien que lo ha pasado.
Es la frase de todos los forasteros que viene a tocar el tambor. Pero eso, divertirse, no es la Semana Santa. La Semana Santa es algo muy serio, muy hondo que debe ser meditado despacio.

Una mujer baenense

SS 1961 a

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