«Lúgubre silencio»

RELATO DE JOSÉ JAVIER RODRIGUEZ ALCAIDE
El profesor baenense nos lleva a la Baena de mediados de 1940, cuando la muerte de dos guardias civiles a manos de los maquis generó una sensación extraña, de desconcierto. Lleva por título «Lúgubre silencio» y se ilustra con una fotografía posterior del Paseo, publicada en la revista ‘Tambor’ en 1965.

«No tengo conciencia exacta del año en que sucedió aquel acontecimiento. Recuerdo que hacía frío y debió ser a finales de diciembre; desde luego yo todavía estaba en el Juan Alfonso de Baena y no en los jesuitas en la calle Mesones, de modo que aquel luctuoso acontecimiento debió acaecer en 1946 o en 1947. La noticia corrió como pólvora por el pueblo y yo percibí como una pesada nube de silencio en mi casa; debió ser por vacaciones de Navidad porque no tengo memoria de esa consternación volando por los pasillos del Grupo Escolar, sito en los aledaños del parque. No había radio en mi casa ni en la de casi nadie de modo que la noticia ronroneaba de vecina en vecina. La noticia lúgubre salía de las sombras y se enterraba rápidamente en el silencio. Recuerdo que todo estaba quieto en mi barrio de Puerta Córdoba y Plaza vieja menos la piara de cabras de mi vecino Miguel que nos alertaba con el cencerrillo del macho que la conducía. Debió de ser en época de vacaciones navideñas pues asocio aquel terrible silencio a los olores a torticas, roscos de anís que se depositaban en el ambiente como el vino que deja solera.
Recuerdo el cielo de color gris y cómo todos los de mi barrio seguían el mismo camino por San Bartolomé a calle Alta y de allí por Mesones al Ayuntamiento y al cuartel de la Guardia Civil. Era un caminar silencioso y no muy pausado. No había señales de vida pero la plaza del Ayuntamiento estaba abarrotada; no había ruido en aquella masa de baenenses puestos en pie delante del cuartel de la Guardia Civil, como si todo el pueblo estuviera expectante y acorralado. Recuerdo un ambiente en el que se cortaba la respiración, como si aquellos pechos estuvieran aplastados por rodillas. La plaza tenía respeto y yo sentí una especie de miedo al lado de mi padre, que me había llevado consigo dejando el barrio casi muerto.
¿Qué esperaban aquellas gentes erguidas y silenciosas en la gran plaza mayor de mi pueblo? Pues sencillamente los cadáveres de dos guardias civiles de la comandancia del puesto. Habían sido acribillados en Fuente Tójar, una aldea de las cercanías de Priego. Fue la primera vez que yo supe de Fuente Tójar y desde aquel momento se me quedó grabado su nombre, aliado con la guerrilla que andaba por la Subbética.
Los paisanos se preguntaban por tan aciago suceso y quedaba en mi imprecisa memoria remota que habían matado también en las afueras de la aldea a dos guerrilleros o maquis y a la vecina que en su casa les daba cobijo. Siempre recordaré que el jefe de la partida se apodaba el “Cencerro”. Todos decían que aquellos “maquis” no eran de Baena sino que venían de los cerros de Alcaudete. La llegada de los féretros causó un espeso silencio en aquella concentración. Aquel acontecimiento quedó grabado en mi corazón y meses después supe, recién cumplidos mis nueve años, que había matado la Guardia Civil en Baena a algún enlace de esta partida. Por estos recuerdos aquel funeral popular debió acaecer en el invierno de 1946 o a comienzos de 1947.
Volví en silencio de la mano de mi padre. Nunca se volvió a comentar al cabo de unos días aquella desgracia en mi casa y en el barrio. Me imaginé aquel tiroteo como los que veían en el cine de la calle alta en los “matinés”, cuando proyectaban la de vaqueros de John Maynard y Bob Style».

José Javier Rodríguez Alcaide
Catedrático Emérito de la Universidad de Córdoba

revista tambor

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