Artículo de Jesús L. Serrano Reyes

EUROPA EN SU LABERINTO
© Jesús L. Serrano Reyes

El euro se fraguó con cierta ingenuidad y chapuceramente, sin tener un sistema de gestión económica mínimamente vertebrado y cohesionado, como lo demuestran las circunstancias actuales. ¡Mientras sopló el viento a favor, ¡qué rica era la brisa!

Desde que comenzó el reflejo mediático de la crisis, nos pretenden ocultar el abismo con “cumbres”, hasta ahora siempre fallidas, como la crónica anunciada de un ““hoy es peor que ayer, pero no mejor que mañana””. Y es que el espejismo de salir de la crisis es como pretender atrapar el mar con las manos.

El desenlace está servido, y es éste: el frágil castillo de arena se ha erosionado hasta desmoronarse. Eso sí, sin brusquedad ni derrumbes que pudieran provocar una ““primavera europea””. Nada de pánico, todo bien secuenciado: hoy un plan de rescate y mañana una cumbre.

Cuando se haya caído en el abismo, sin grandes sobresaltos, tocará salir del mismo. Ya veremos cómo. El fallido proyecto europeo podrá o no recomponerse en función de la lección aprendida. Será un bucle en el tiempo que nos va a retrotraer a condiciones paupérrimas. Algunas conllevarán los mismos efectos que se hubieran producido con una tercera guerra mundial.

Ni Grecia podrá pagar la deuda que tiene, ni los PIGs podrán afrontar la salida de la parálisis de su sistema económico, ni los países como Alemania, Finlandia, Austria, UK, estarán dispuestos a seguir transitando por este camino y con estos compañeros de viaje. Cierto que la globalización convierte a estos países en perjudicados, si el euro se hunde, porque no cobrarán las deudas. Pero, cuando se vea el fondo del túnel, se vislumbrará que es más rentable dejar que se hundan del todo los PIGs y otros países similares que seguir queriendo sujetarlos a costa de estar lastrando su economía presente y su por-venir.

Tras el desmembramiento, habrá que volver a construir Europa, despacio, entretejiendo la economía con la política, sin perder de vista el equilibrio al conjugar el “estado de bienestar” con el control y la cohesión garantizada por instituciones europeas rigurosas, fuertes, y con peso específico en un mundo globalizado que se ha convertido en el marco irreversible donde nos ha tocado vivir.

El libre mercado, “que se autorregula solo” consumó el rapto de Europa, ahora en el laberinto del Minotauro sin una Ariadna que tenga un plan que la conduzca a la salida, ni un Dédalo que se lo facilite.

 

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